Santiago González ha trabajado con jóvenes de diferentes pueblos étnicos en el norte del Cauca, Colombia, utilizando el arte y el juego como herramientas para explorar y cuestionar las masculinidades y reflexionar sobre qué es ser hombre en clave del cuidado y la construcción de culturas para la paz. Utilizó la masculinidad hegemónica como punto de partida para hacer preguntas y generar nuevos relatos. Al principio, los jóvenes rechazaron las propuestas debido a la urdimbre cultural del relato de la masculinidad dominante, pero después de generar confianza, empatía y explorar la vulnerabilidad, pudieron ver nuevas masculinidades y modelos de formas de ser. Los aprendizajes más valiosos fueron mantener la duda permanente sobre qué es ser hombre y reflexionar sobre cómo nos relacionamos con las mujeres y las personas diversas y cómo se pueden distribuir las tareas del hogar desde un el cuidado como premisa. Escucha o vea la entrevista con Santiago González.

Escucha la entrevista con Santiago González

¿En qué consistió este laboratorio de masculinidades y con quiénes lo trabajaste?

Santiago González: Fueron jóvenes de distintos pueblos étnicos, en su mayoría afro del norte del Cauca. Con ellos lo que hicimos fue reunirnos cada 7 o 15 días, dependiendo de la disponibilidad y de los tiempos, para hacer un laboratorio en el que buscábamos explorar y hacernos preguntas frente a eso que muchas veces se ha naturalizado culturalmente, que es el ser hombre y hacernos preguntas sobre el ser hombres en plural. Y todo esto a través de una reflexión colectiva. Nosotros no llevábamos un modelo para proponer, sino a explorar.

Exploramos y cuestionamos la masculinidad en un laboratorio, haciéndonos preguntas sobre el ser hombres en plural.

De acuerdo con esta experiencia que tú nos cuentas y de acuerdo con la exploración, ¿cómo defines la masculinidad o las masculinidades dominantes y por qué crees que son problemáticas y que hay que reflexionar acerca de ello?

SG: Uno de los principios y de los ejes de los laboratorios, lo trabajamos mucho con arte, con juego, tratando de que no prima solamente la palabra oral y el discurso, que es algo que sucede mucho en la masculinidad dominante precisamente, o masculinidad hegemónica. En términos generales, nos sirvió mucho este concepto para contrastar las miradas y tenerlo como punto de partida.

La masculinidad hegemónica parte del relato dominante que culturalmente e históricamente se ha construido sobre el ser hombre. Acá es muy importante entender que es en singular. Es un modelo, un modelo de masculinidad y tiene distintas características. Una, por ejemplo, tiene que ver con la no expresión emocional. Estos mandatos de los hombres no lloran, terminan gestando una armadura, una armadura emocional que muchas veces hace que no podamos hacer inteligible las emociones. No hemos tenido esa educación.

Otra, por ejemplo, tiene que ver con esa separación con el cuerpo en donde se dice que los hombres no somos cuerpo sino que tenemos cuerpo. Nuestra propuesta es darnos cuenta que somos cuerpo también, que somos emoción, razón y cuerpo, todo está integrado. Otro aspecto muy neurálgico de la masculinidad hegemónica tiene que ver con la competencia y con esta búsqueda de éxito. Lo vemos en la cotidianidad, como entre hombres hay una competencia entre nosotros mismos y muchas veces por las mujeres, como si fueran objetos sexuales del deseo masculino. Ese es otro aspecto.

Es mucho más complejo y esto va creciendo cada vez más, pero creo que estos son unas características muy importantes. Tal vez añadiría que la identidad masculina desde este concepto de la masculinidad, desde este modelo de la masculinidad hegemónica, nos habla de una identidad demostrativa en donde necesito que el resto de hombres me vean para que yo me sienta hombre.

Muchas veces dejamos de lado esa propia concepción y ese tipo de poder, que es un aspecto también muy importante en la masculinidad hegemónica. Es un poder que se reduce al poder subordinador, al “poder sobre” que se impone desde el dominio y la violencia. Entonces, digamos que la premisa fue tomar la masculinidad hegemónica para desde ahí comenzar a hacernos preguntas sobre nuestras formas de ser hombres.

En un primer momento se rechaza o bien porque se homosexualiza o bien porque se asocia con algo infantil o se asocia con algo femenino, que es otra de las características de la masculinidad hegemónica.

¿Cuáles fueron las metodologías que se emplearon en este laboratorio para el trabajo con los jóvenes?

SG: La socio-afectividad que prima y nos guía en Otra Escuela en donde generalmente iniciamos con una vivencia. Acá lo que hicimos fueron propuestas vivenciales a partir del teatro, de las artes plásticas, de la danza, también a veces de la meditación, para desde ahí comenzar a reflexionar sobre qué es esto de ser hombres y hacernos preguntas que muchas veces naturalizamos y ni siquiera nos hacemos.

Entonces fue mucho desde el arte y el juego, muchos juegos también, esos juegos de competencia que jugábamos en los colegios fueron también un insumo muy importante para reflexionar. También utilizamos el tejido. Fueron distintas propuestas, siempre desde la socio-afectividad.

Los jóvenes del laboratorio de masculinidades crearon cortometrajes de ficción para reflexionar sobre las masculinidades dominantes.

¿Cuál fue la acogida de los jóvenes a este laboratorio?

El poder abrir la vulnerabilidad que para nosotros es una de las piedras angulares y esas grietas que permiten ver nuevas masculinidades, nuevos modelos, nuevos relatos identitarios

SG: Nos encontramos con algo que suele suceder y es que estos espacios en un primer lugar, precisamente por esa urdimbre cultural de ese relato dominante de la masculinidad, lo que hace es rechazar, rechazar las propuestas. En un primer momento se rechaza o bien porque se homosexualiza o bien porque se asocia con algo infantil o se asocia con algo femenino, que es otra de las características de la masculinidad hegemónica. Ese tipo de rechazo hacia los niños y niñas y hacia la diversidad en las orientaciones sexuales y también frente a las mujeres. De ahí el machismo. Entonces, nos encontramos con todo esto y fue muy bello comenzar a fracturar y generar nuevos relatos desde lugares distintos y desde la confianza y la empatía y la vulnerabilidad. Sobre todo, el poder abrir la vulnerabilidad que para nosotros es una de las piedras angulares y esas grietas que permiten ver nuevas masculinidades, nuevos modelos, nuevos relatos identitarios.

¿Cuáles crees que fueron los aprendizajes más valiosos de este proceso?

SG: Yo creo que es sobre todo reflexionar sobre qué es esto de ser hombres, que nos vayamos con las dudas, con la duda permanente. Eso en primer lugar también yo creo que por las vivencias juveniles, pues todo frente a las relaciones erótico-afectivas. Hubo muchas preguntas sobre cómo nos relacionamos con las mujeres, con nuestras parejas y en el hogar también, las tareas del hogar, ver cómo se pueden distribuir de una forma distinta y que esto no es solamente una labor de las mujeres, sino que son tareas compartidas que debemos hacernos cargo y ser responsables frente a ello y hallar habilidades nuevas para responder que es otra forma de entender también la responsabilidad y el cuidado. Formarnos, compartir algunos consejos de cómo lavar la loza, de servirse, por ejemplo.

El aprendizaje principal fue cuestionar la propia masculinidad y mantener una actitud abierta y constante de duda y reflexión sobre lo que significa ser hombre

¿Cómo crees que este tipo de procesos aportan a la construcción de paz en el país?

SG: A mí me parece fundamental, y más aún en este contexto colombiano, del conflicto social y armado en donde el poder subordinador se ha impuesto a través de las armas y de la imposición.

Desde ese lugar, trabajar en conjunto hombres, mujeres, personas diversas, resulta fundamental para construir otro tipo de urdimbres culturales. Entonces, me parece muy importante y creo que es poquito a poco.  Yo creo que habrá unos espacios de trabajar solamente con hombres para generar un espacio seguro y que no nos pongamos ahí a mostrar el plumaje por la presencia de otras mujeres que muchas veces nos cierra la vulnerabilidad. Entonces, resulta muy importante ver estos distintos momentos para poder construir culturas y pedagogías para la paz.

Trabajar en conjunto hombres, mujeres, personas diversas, resulta fundamental para construir otro tipo de urdimbres culturales.

¿Por qué crees que es importante que los hombres tomen conciencia de sus privilegios? ¿Y crees que es posible que los hombres renuncien de alguna manera a estos privilegios?

SG: Me parece muy importante, porque los privilegios son privilegios a costa de opresiones y también opresiones hacia otras personas y hacia nosotros mismos. Entonces, me parece fundamental. Yo creo que hay una apuesta política y humana muy importante y estoy convencido que se puede lograr y no desde la culpa, sino desde la convicción, desde un compromiso y una voluntad de transformación social. Y sí, creo que es posible, y lo veo en forma de espiral. O sea, no es algo que se concluya y renuncie a mis privilegios, sino que esto es un proceso permanente. Y yo creo que tenemos casos en los que no hemos podido ver, comenzando por nuestra experiencia en Otra Escuela. Como hombres al interior de la organización.

Los privilegios son privilegios a costa de opresiones y también opresiones hacia otras personas y hacia nosotros mismos

Relacionada con esto que me acabas de responder, ¿cómo crees que en Otra Escuela se ha trabajado por promover un cambio en estos valores dominantes?

SG: Yo creo que la apuesta de Otra Escuela es apostarle a que otros mundos son posibles y que podemos dejar el miedo y el control homogeneizador que caracteriza una sociedad violenta y una cultura violenta por otras dinámicas que partan del cuidado, del cuidado relacional, del cuidado propio y de la autonomía, de la desobediencia y de la empatía. Y esto es algo transversal de Otra Escuela. Y bueno, pues siendo una organización que nos nombramos y nos situamos como una organización feminista, el trabajo en masculinidades resulta fundamental. Esta es una labor en la que hemos de comprometernos todas las personas.

Yo creo que la apuesta de Otra Escuela es apostarle a que otros mundos son posibles y que podemos dejar el miedo y el control homogeneizador que caracteriza una sociedad violenta y una cultura violenta por otras dinámicas que partan del cuidado, del cuidado relacional, del cuidado propio y de la autonomía, de la desobediencia y de la empatía

Esperamos que esta información haya sido de utilidad y que también les sirva para reflexionar acerca de este tema de los valores dominantes que operan en nuestra sociedad. ¡Nos vemos en una próxima ocasión en “Le copio a la inspiración”!.

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Un comentario

  1. Luis Alejandro Martinez Duran

    Buenos días, trabajo en el grupo de fortalecimiento territorial de la agencia de renovación territorial, me gustaria hacer contacto con Santiago Gonzales, puesto que el tema de resignificación de la masculinidad es de gran importancia para los territorios PDET y tenemos el interés de construir una propuesta para los territorios, teniendo en cuenta la prevalencia de la violencia basada en genero que se vive en medio familiar y comunitario y como un desarrollo territorial debe contar con una nueva masculinidad que pueda cuidar su entorno.

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