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Pistas para la construcción de culturas de paz (2. Sentir los acuerdos es parte de entender los acuerdos)

Publicado por en Reflexiones ·



Hace poco tiempo en una de las sesiones de nuestro Diplomado en “Teoría y Práctica en la Construcción de Paz” que desarrollamos en Bogotá[1], evidenciamos de manera clara y contundente el cómo la ciudadanía en general percibe los acuerdos de Paz entre las FARC-EP y el Gobierno. En primer lugar logramos entender varias cosas: a) que hay en el ambiente una total despreocupación sobre cómo transita el desarrollo de los acuerdos (implementación); b) se evidencia una profunda incredulidad de que éstos puedan hacerse efectivos y que logren aportar al cambio que necesita Colombia; c) el profundo miedo que suscitan los asesinatos de líderes que han animado e impulsado los acuerdos en muchas regiones y finalmente, d) nos colocamos en la piel de los excombatientes y sentir con ellos y ellas una incertidumbre muy fuerte acerca del cómo ha de darse ese tránsito de la vida armada, a la vida civil.

Esta sensación micro en un espacio formativo se conecta muy bien con la sensación macro en un ejercicio de encuesta ciudadana como la que se divulgó recientemente[2] por varios medios en la que se preguntó lo que la gente se imagina se puede lograr con el acuerdo entre las FARC-EP y el Gobierno Nacional. Aquí también la gente es profundamente escéptica  de los acuerdos y su papel en la transformación social de nuestra realidad.





Llevando la contraria a la opinión generalizada, los y las educadoras de paz que hay en nuestra ONG y muchos de nuestros colegas de varias organizaciones con las que nos reunimos y trabajamos a diario, expresamos cotidianamente nuestra opinión a favor de los acuerdos, sin dejar de plantear preocupaciones sobre la concreción del mismo en la vida práctica, en la cotidianidad de las regiones y en la vida de los futuros exguerrilleros y exguerrilleras, líderes y lideresas sociales que hemos decidido impulsarlos.

Sin analizar estas preocupaciones, las siguientes líneas lo que quieren es trabajar en el asunto de la pedagogía de los acuerdos y en el cómo lograr que éstos, más allá de ser conocidos por la gente del común, sean sentidos y logren ser comprendidos como un paso fundamental en la transición de Colombia de una Cultura de la Violencia a una Cultura de Paz.

  1. Pedagogía de los acuerdos no es contar qué dicen los acuerdos. El gobierno en la campaña antes del plebiscito se equivocó y se puede seguir equivocando, si entiende que la pedagogía de los acuerdos es contar lo que dicen ellos. Lograr que la gente sepa qué dicen los acuerdos es una tarea indispensable y dispendiosa, pero esa tarea tiene que ver con la información y la información tiene que ver con la pedagogía de los acuerdos, pero la pedagogía no se agota en informar.  En la información y comunicación de los acuerdos hay que seguir produciendo ingentes cantidades de piezas síntesis de los acuerdos como los que ha creado la Oficina del Alto Comisionado, de manera que la gente pueda acercarse directa y sintéticamente a la esencia de los acuerdos, en tanto el texto completo es un documento poco atractivo y difícil de leer para la mayoría de la población colombiana.  
  2. Si la pedagogía es entendida como la disciplina que trata de la formación[3], nosotros y nosotras en Corporación Otra Escuela la entendemos como el acto reflexivo del ejercicio formativo. En dicho ejercicio reflexivo acerca de la formación, cada vez más hemos venido entendiendo el papel trascendental de las emociones. Esta comprensión la tenemos a partir del estudio de la neuroeducación, de la neurociencia, del cerebro emocional y su importancia en el aprendizaje, desde hace unos años atrás. Solo se aprende lo que nos emociona, es la frase que sintetiza nuestras comprensiones en este campo. Conectando, diríamos que en el acto formativo deberíamos buscar que los contenidos emocionen poderosamente a los sujetos de dicho acto, en tanto si hay emoción hay aprendizaje. Para nosotros y nosotras es claro que la información sin mediación pedagógica, en muy pocas ocasiones, emociona.
  3. ¿Cuál emoción?. Para nuestra ONG también es claro que en la Cultura de la Violencia que vivimos y queremos transformar, las emociones sociales[4] que predominan son el miedo, la venganza, la culpa, la vergüenza por afirmar sólo algunas. En nuestro caso nos convocan las que denominamos emociones potencialmente constructoras de culturas de paz, como la empatía, la compasión, la felicidad y el amor[5]. Nuestro ejercicio pedagógico entonces está orientado a construir ambientes de aprendizaje[6] en los que estas emociones orienten la vivencia y el diálogo de los involucrados en el acto formativo. También está claro para la Corporación Otra Escuela que para lograr estas emociones potencialmente constructoras de paz, recurrimos a los lenguajes artísticos, al juego y el deporte cooperativo, pues allí nos emocionamos y logramos la reflexión personal y colectiva que posibilita que las personas se den cuenta por sí mismas del cambio que necesitamos. Lo anterior porque también creemos con Paulo Freire que “nadie enseña a nadie”.





Diríamos que se trata entonces de pasar de aquellos espacios que explican solamente los acuerdos, a diseñar espacios reflexivos (ambientes de aprendizaje) en donde logremos emocionar a la gente con el espíritu de los acuerdos y la oportunidad que se abre con ellos, usando lenguajes artísticos, lúdicos y profundamente creativos.

Desde mi perspectiva el espíritu de los acuerdos está claramente expresado en 15 principios y una frase.

Los 15 principios para la paz son los sugeridos por Humberto de la Calle Lombana, de los cuales destaco algunos relevantes para mí.

  • Es posible ponerle fin al conflicto mediante la solución política.
  • Una solución militar es larga y dolorosa.
  • Las víctimas son la justificación ética del diálogo.
  • La solución jurídica debe cobijar los distintos actores.
  • La reparación es esencial. Simbólica, espiritual y también material.
  • La verdad es el punto de partida de la reconstrucción del tejido social.
  • El perdón es decisión personal, pero la sociedad no puede estancarse en el rencor.
  • La paz va más allá del silencio de los fusiles

La frase es la que tan acertadamente gestó Diana Uribe y su equipo:

“Dejemos de matarnos”.

Estos principios y esta frase esencial, pueden y deberían convertirse en los contenidos fundamentales de la pedagogía de los acuerdos, diseñando desde ellos, ambientes de aprendizaje que nos emocionen y convoquen a la construcción de paz.




[1] http://www.otraescuela.org/diplomado.html
[2] Revista Semana, edición 1829 (21 al 28 de mayo de 2017)
[3] Flórez, R y Vivas M. (2007) La formación como principio y fin de la acción pedagógica. Revista Educación y Pedagogía, volumen XIX, número 47, Enero – Abril de 2007. En línea. http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/revistaeyp/article/view/6680/6122
[4] Las emociones sociales, políticas o públicas son para Nussbaum aquellas que «tienen como objeto la nación, los objetivos de la nación, las instituciones y los dirigentes de esta, su geografía, y la percepción de los conciudadanos como habitantes con los que se comparte un espacio público común» (p. 14). Según cuáles sean pueden impulsar, colaborar, en la realización de los planes políticos, o descarrilarlos, introduciendo divisiones, jerarquías, des-unión. Ello supone que, dado cualquier proyecto socio-político, debamos preguntarnos cuáles son las emociones que queremos activar en la ciudadanía con el fin de que nos ayuden en su logro. En línea: http://revistas.uned.es/index.php/HMe/article/viewFile/14272/13646
[5] Importante decir que la anterior cita de Nussbaum procede de un texto que se titula “Emociones Políticas: ¿Por qué el amor es importante para la justicia?”
[6] El ambiente de aprendizaje es un concepto que para nosotros y nosotras tiene que ver con los contenidos (en éste caso el acuerdo de paz), con las personas que dialogan en torno a dichos contenidos, con el espacio físico en el cual se conversan estos acuerdos, con los materiales usados para dicho diálogo y por supuesto con las vivencias o dinámicas que en éste caso han de hacer sentir, emocionar a las personas que reciben el contenido de los acuerdos.



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